‘Esta casa Odia la Maldad,
Ama la Paz,
Castiga los crímenes,
Conserva los Derechos y Hora a los Honestos’.

En el folleto de publicidad del Ayuntamiento de Cantavieja se muestra un posible recorrido por las calles de la localidad en el que se ofrece disfrutar de los parajes urbanos de la localidad.

Inicio del paseo

La travesía comienza en la Plaza de España, conocida como Arrabal, donde se penetraba en el Casco Antiguo a través del Portal de San Miguel. Se asciende por la Calle Mayor, jalonada de edificios de arquitectura popular. Es recomendable perderse paseando por las calles laterales donde pueden encontrarse bellos rincones. En las cercanías de la plaza se encuentran buenos ejemplos de casas nobles pertenecientes a la aristocracia rural de los siglos XVII y XVIII. Son casas de grandes portadas adoveladas, con escudos en los frontispicios y amplias y decoradas ventanas enmarcadas en piedra sillar.

La plaza Cristo Rey es una de las más bellas de Aragón. Porticada en tres de sus lados, está compuesta por la Iglesia de la Asunción, el Ayuntamiento y una casa noble. La Iglesia actual fue construida en el siglo XVIII, siendo una de las más grandes de la provincia.

En el mismo solar que está ocupada, hubo anteriormente dos iglesias más, una del siglo S VII de la que conservan la portada y la torre, y otra anterior cuyos vestigios se hallan bajo la torre, en la otra puerta de acceso al templo. Consta de tres naves de medio cañón, la nave central y de bóveda de arista las laterales. El crucero presenta una bóveda elíptica sobre el tambor y pechinas.

El Ayuntamiento es el resultado de numerosas reformas a lo largo de su historia. Destaca, en su interior el gran salón principal con una bella techumbre de rica madera, que se asoma al exterior a través de tres ventanales góticos, dos de ellos convertidos en balcones. Es justo admirar la cornisa de canes de doble odillón, los seis arcos de medio punto que conforman la lonja y el gran blasón, escudo de la villa, que se exhibe en el centro de la fachada. Bajo el escudo, una bellísima leyenda en latín, toda una declaración de principios de la casa concejal:
‘Esta casa Odia la Maldad, Ama la Paz, Castiga los crímenes, Conserva los Derechos y Hora a los Honestos’.

Frente al Ayuntamiento, la casa de la familia Zurita

Continuamos por la Valle Buenavista pasando bajo la torre de la Iglesia y a la derecha encontramos los vestigios de la desaparecida Casa del Bayte, cuya portada podemos admirar en el cuartel de la Guardia Civil. Tomando la primera calle a la derecha, llamada del Portal de Mirambel por ser éste el emplazamiento de otra de las puertas que cerraban la muralla de la villa, contemplaremos un tramo de muralla aspillerada, vestigio de las Guerras Carlistas del siglo XIX, además de maravillosas vistas de la Vega y Cantavieja.

Continuando por la calle Buenavista se accede a los restos del castillo, recinto amurallado cuya fundación se debe a los Templarios, y que en el siglo XIX refortificaron los carlistas, junto con toda la villa, convertida en fuerte. Hoy es un pacífico solar usado de calvario y en cuyo vértice existió una Capilla dedicada al Santo Sepulcro, restaurada recientemente.

Caminando por la calle San Miguel, llegamos a la Iglesia del mismo nombre. Es un edificio gótico del siglo XIV. En el exterior nos sorprende su pórtico de arcos apuntados apoyados en pilares octogonales. Destaca en el interior un sepulcro tallado en alabastro y que perteneció a un Bayle Sanjuanista.

El edificio adjunto a la iglesia de San Miguel fue hospital, bajo la advocación de San Roque hasta bien entrado el siglo XX y convento de religiosas hasta principios de los años 70.

En el paseo, se puede seguir contemplando el casco por la calle Ericas hasta llegar a la carretera, donde encontramos restos de algunos lienzos de la muralla que cerraba la localidad.

Podemos finalizar la visita acercándonos por la Calle Loreto hasta la ermita del mismo nombre construida en 1700.